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Se planta el diente de ajo entre octubre y abril, preferentemente en otoño, recogiéndose en primavera o a comienzos del verano.
Las necesidades son parecidas a las de la cebolla: abundante sol, suelo rico en materia orgánica y en fósforo. Se recomiendan sales ricas en fósforo y estiercol.
Previamente a la plantación se deberá airear el terreno, dejándolo esponjoso en profundiad (esto debe hacerse 6 meses antes de la plantación). Esto se consigue (después de abonar por medios orgánicos) mediante un arado profundo (25-40 cm) y a continuación rastreadas cruzadas.
Los cultivos que son recomendables antes de una plantación de ajo son la patata, lechuga, pimiento, trigo, cebada, col, colza...
Existen dos métodos de plantación, pero el diente siempre debe plantarse con la punta hacia arriba y nunca debe plantarse después de haber plantado alguna variedad de la especie Liliaceae (ajos, cebollas...), tampoco después de alfalfa, espinacas, guisantes, judias, remolachas, después de una plantación de frutales, o de una viña.
Se pueden añadir cenizas una vez que el ajo está crecido para alcalinizar el terreno.
Es recomendable el control manual del crecimiento de malas hierbas, ya que la planta del ajo cubre poco terreno, dejando espacio para el crecimiento de malas hierbas que casi seguro se producirá.
El riego no suele ser necesario, salvo en inviernos o primaveras secas, relizándose en estos casos mediante aspersión o por gravedad, y preferentemente por la noche una vez por semana. Dejando de regar al final para que el follaje se seque antes de la cosecha.
Hay que tener en cuenta que las necesides de agua son mayores durante la formación del bulbo.
En otoño serán necesarios 8 meses para llegar a la cosecha, y 4-4.5 meses en las plantaciones primaverales. La cosecha habrá que realizarlo cuando haya buen tiempo y cuando las hojas se hayan secado completamente.
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